domingo, 7 de septiembre de 2008

"Si olvidas el futuro pierdes el presente"

“…No hay que olvidar tampoco que esos viejos fueron jóvenes, que el tiempo de una vida es irrisorio, que un día tienes veinte años, y al siguiente ya son ochenta. Colombe cree que uno “puede darse prisa en olvidar” porque para ella la perspectiva de la vejez está aún tan lejos que es como si nunca fuera a ocurrirle. Yo en cambio hace tiempo que aprendí que la vida pasa volando, mirando a los adultos a mi alrededor, tan apresurados siempre, tan agobiados porque se les va a cumplir el plazo, tan ávidos del ahora para no pensar en el mañana…Pero si se teme el mañana es porque no se sabe construir el presente, y cuando no se sabe construir el presente, uno se dice a sí mismo que podrá hacerlo mañana y entonces ya está perdido porque el mañana siempre termina por convertirse en hoy, ¿lo entendéis?
De modo que sobre todo no hay que olvidarlo. Hay que vivir con la certeza de que envejeceremos y que no será algo bonito, ni bueno, ni alegre. Y decirse que lo que importa es el ahora: construir, ahora, algo, a toda costa, con todas nuestras fuerzas. Tener siempre en mente la residencia de ancianos para superarse cada día, para hacer que cada día sea imperecedero. Escalar paso a paso cada uno su propio Everest y hacerlo de manera que cada paso sea una pizca de eternidad.
Para eso sirve el futuro: para construir el presente con verdaderos proyectos de seres vivos…” (de la idea profunda nº8, La Elegancia del Erizo)

lunes, 1 de septiembre de 2008

...Fue Eva la que mordió primero la manzana

Eva, Adam. Adam, Eva. Qué más da quién comiera primero de la manzana prohibida, los dos pecaron. Siempre he pensado en la irrelevancia del orden en esta historia bíblica . O no he entendido nunca el hincapié en la relevancia de destacar el orden. Hoy, sin embargo, siento que si esa fuera la verdadera historia del pecado original, tuvo que ser Eva la que le diera el primer bocado. Seguro. Tuvo que ser ella... Si no, no me lo explico....

jueves, 21 de agosto de 2008

A veces querer es gratis

No quiero palabras. Ni grandes hechos. Quiero miradas. Sutiles. Traslúcidas. Todo no hay que verlo. La luz, sí. Se refleja. Se contagia. La tuya, sobre todo. Quiero gestos. Delicados. Tiernos. Cómplices. Los tuyos, los que yo percibo de ti. Quiero sonrisas. La tuya, la mía. Las nuestras. Juntas. Por lo mismo. O la una después de la otra, por la del otro. Lo quiero, eso. Miradas, gestos, sonrisas…Pero, sobre todo, “ese estado de gracia que concede la fe”.

martes, 12 de agosto de 2008

A traspiés... con la "Sombra del Viento"

…Las intrigas y secretos de la vida de Julián Carax en la Barcelona de las primeras décadas del siglo XX, contadas magistralmente por Ruiz Zafón en la voz de Daniel, el hijo de un librero que sueña con recuperar la imagen de su madre muerta tras desenmarañar la historia del novelista Carax, me han succionado mis pensamientos en los últimos tres días…Dicen que después de una separación la lectura de libros, especialmente novelas, se dispara. Supongo que adentrarse en los laberintos de historias lejanas y ajenas, que nos trasladen a otros tiempos y a otros lugares, si son remotos mejor, siempre es más fácil que recorrer los recovecos propios y dejar al descubierto nuestra vida y nuestras circunstancias del aquí y ahora. Pararse. Pararse a veces duele. Seguir nos asegura…que, estamos siguiendo (y no es poco). Que seguimos andando, aunque en algunas partes del camino nos invada el tedio o la fatiga, pero que andamos. Eso sí, la mochila es cada vez más pesada, y nos cuesta ver más allá de lo que nos permiten nuestros pasos. Pero, como contraparte, hemos aprendido que hay cambios de rasante en el camino aunque ni siquiera podamos intuirlos, o, al menos, que puede haberlos, o, al menos, que nunca alcanzaremos a saber con certeza si en nuestro camino los hay o no, ni cuando nos los encontraremos. Que seguimos sin saber nada. Pero que quizás volvamos a ver crecer una flor en el terreno más yermo, aunque entretando nos saltemos la valla, y fisguemos en otros caminos, en otros lugares, en otras vidas (y sus intrigas, y sus secretos).

viernes, 1 de agosto de 2008

Despertando en New York

...Habías pasado ratos tranquilos, agradables, paseando por las calles del Trastevere y disfrutando de la casa antigua de techos altos, e incluso con restos de frescos, de tu amigo el que fabricaba hélices -me contabas-. También el contraste que existía entre vuestra situación actual (la tuya y la de tu amigo), ambos ilusionados y acompañados en este momento de vuestras vidas, frente a la de tu amiga, que, pese a ser una buena persona –aclarabas-, se encontraba sola –como si existiese alguna clase de relación entre una cosa y la otra-. Y te detenías en recalcar ese contraste y se te iba la mirada, se te iba la mirada…quizás, se me viene ahora a la cabeza, porque existía para ti una delgadísima línea entre ambas situaciones o porque no sabías muy bien en qué lado de esa línea querías encontrarte…mucho más delicada o más difuminada de lo que yo pude intuir entonces de tus palabras….Pero todo cambió desde tu viaje al Trastevere… no sé muy bien por qué…no sé… casi nada o nada…pero todo cambió después...

…Avanzo en el ferry que me lleva de Staten Island a Manhattan, al Sur de Manhattan, y la luz que se refleja en los modernos edificios del barrio financiero de Wall Street, al atardecer, me da en los ojos, de refilón, y se me antoja aterciopelada, algo dulce, amable, más amable que nada de lo ocurrido en las anteriores semanas. Y empiezo a abrir tímidamente los ojos, a mirar, a darme cuenta de lo que tengo delante, a volver a mirar. Primero al agua, y después al muelle, a la orilla, donde embarcamos una hora antes. Varios días cruzando el puente de Brooklyn desde las proximidades del cementario de Queen hasta la gran alfombra de Central Park, recorriendo esta ciudad a lo alto, cuando caminábamos o tumbados en la hierba, a lo alto y desde abajo, con los ojos, toda con los ojos y de arriba abajo, de abajo a arriba..., y hoy empiezo a ver, a despertarme, a darme cuenta de lo que tengo delante.... La próxima vez quizás vuelva a Greenwich, me pareció un barrio habitable y con casas acogedoras…

domingo, 6 de julio de 2008

Sobrevivir

Desnuda y vacía. Desnuda y vacía, vuelvo a cruzar el charco. Espero volver, al menos, con un traje de neopreno que me envuelva de pies a cabeza.

miércoles, 2 de julio de 2008

Desahogo discontinuo

Tantas veces la vida nos deja el reducto de sólo estar. Tantas. Que me encuentro una y otra vez en el mismo sitio. Una y otra vez. Y cada vez esperándolo menos. Porque cada vez la situación se repite de una forma diferente. Totalmente distinta. Más distinta. No hay dos iguales. No hay regla. Lo que aprendemos con una persona, a veces pienso que no sólo no nos sirve para otra, sino que incluso lo desaprendemos para esa otra. No hay regla, no la hay. En el fondo, controlamos tan poco de lo que nos afecta, de lo que nos importa. Tan poco. Que es un azar esto de vivir. Esto de amar. Un azar. Quizás por eso, yo también creo en el valor del esfuerzo y de la responsabilidad, porque es la única manera de sentir que algún resultado puede depender de nosotros, al menos en lo que significa aumento de posibilidades. Pero, ni compartiendo ese principio, tan utilizado en los últimos meses, hay reglas. Ni tan siquiera. Qué efímera es la felicidad. Qué efímera. No me extraña haberme sentido un tanto extraña estos dos meses y medio, por lo inusual, por lo inusual en mi vida por esa razón…por estar feliz por eso. Tantas veces la vida nos deja el reducto de sólo estar. Tantas.