jueves, 18 de diciembre de 2014

En Quito...

...Árboles centenarios cuya silueta se percibe sobre el fondo gris del Pichincha. Y, por encima, las nubes blancas que dejan traspasar una luz de atardecer que te deslumbra. Niños de ojos negros y mirada despierta de no más de tres años corretean a nuestro alrededor con un desparpajo asombroso. Se respira vida. Anochece, y el cielo se acorta desde la altura...(en el parque "La Carolina", el último domingo de noviembre, al lado de vuestra casa, entre las calles "6 de Diciembre" y "Eloy Alfaro").



Me desperté dos días antes con margaritas naranjas en la mesita de noche. Preciosas. Naranjas. En un ramo, con otras florecillas lilas y rosáceas que las acompañaban a la perfección. Fue vuestro regalo acertado de bienvenida,  porque ellas, y los Pichinchas a través de los cristales, se convirtieron en mi primera y larga imagen de un Quito que se me resistía…El despertar a vosotros fue inmediato. Allí, os encontré perfectamente instalados, en otra altura, con otras vistas, pero con vuestro trabajo, con vuestras nuevas obligaciones, en una enorme mesa de esas que os unen. Me gustó conocer esa cotidianidad vuestra, reconocer algunos ingredientes, y compartirla. Sobre todo, compartirla, con sabor a guayaba, guanábana, mango, granadilla o naranjilla –esos placeres gustativos que sin duda procedían  de  lo que en otro tiempo fue “otro mundo”, e incluso a mí me pareció que ahora…-.  Luego, vino el despertar a la calle, pero a poquitos. De esos poquitos retengo, como un tesoro, los almuerzos en el centro cultural Metropolitano. Un remanso de paz, en medio del bullicio de la Plaza Grande y del centro de una ciudad que además de vivir hacia afuera estaba en fiestas, donde yo, como en una ensoñación, oigo al recordarlo un piano, y veo una cúpula acristalada en un  patio interior mirando por la ventana del restaurante que allí había. De la existencia de la cúpula, tengo pruebas fotográficas; de la música de piano, mi recuerdo es vívido, y vuestra complicidad también. Y, eso, ya me basta. Desde el Panecillo, Itchimbía, el mirador de la casa de Guayasamín, o el teleférico que subía al Pichincha, pude ver con perspectiva esta hermosa ciudad, encallada en un valle, a mis ojos y a primera vista alargada y flanqueada por esta parte de los Andes, que después se extendía y agrandaba con barrios enteros de casitas de colores diseminadas por las distintas laderas de los volcanes. Con sol y sombra, sobre todo por la tarde. Formando un tapiz de verdes y algunos rojizos alrededor de unas nubes inquietas, y de niebla que iba y venía, dejando casi siempre sentir unos rayos de sol verticales. Ese día, el de Itchimbía, y el del Mercado de La Mariscal, supe que ya empezaba a captar el Quito en el que vivíais. También vimos la Compañía, claro. Nos recreamos no sólo en el barroquismo dorado de su interior, sino en la perfecta armonía y “elegancia” con la que estaba construida y adornada. Me asombró mucho. No era el estilo que suele gustarme. Pero ese brillo, esas puertas, esa sensación de luz inmensa, y de nuevo esa armonía, que de alguna manera simplificaba el barraco,  se quedaron conmigo, y me ensancharon. Varias veces te miré, y pensé que a ti también.
 


 …Fue el taxista de la costa, de la zona de Guayaquil, alto y con rasgos distintos a los ecuatorianos que yo estoy acostumbrada a ver –estos suelen proceder del altiplano-, el que me dio más pistas de la gente de allí y de su diversidad. Su extrema amabilidad en el lenguaje, su espíritu de acogida y de apego a la familia, su ritmo calmado, y la enorme importancia de la mujer en el sustento de la economía familiar, que percibí, encajaron con lo que conocía y pensaba. Pero ese espíritu disidente y peleón de este hombre, que contrastaba con la aparente docilidad generalizada que se respiraba –vosotros me dijisteis que más en el lenguaje que en los actos-, me gustó. Sobre todo cuando la lucha por una sociedad mejor, se mezclaba con el predeterminismo de “pasa lo que tiene que pasar, independientemente de las circunstancias”. Muchos contrastes que despertaron mi interés…Más aún cuando sabes que allí, en Quito, existe una “capilla del hombre”, además de las dedicadas a Dios o a los Santos, precisamente porque de estos se sabe menos que del primero y sin embargo existen centenares... Una Capilla del Hombre. Me fascinó esta idea del pintor y escultor y muralista, Guayasamín. Descubrí que su talento y fuerza eran capaces de mostrarnos muchos rostros del hombre, y de despertar -de fuera adentro, y de dentro afuera-  muchas almas. También me gustó que después de su etapa del llanto, y de la ira, viniera la de la ternura. Es de nuevo esa reconciliación tan sabia de quien se sabe un hombre con todas sus consecuencias y contradicciones. Pintó a Paco de Lucía en una hora. Los principales rasgos del rostro de una persona no cambian, perduran a lo largo del tiempo, se quedan, pensaba, decía y pintaba. Cuando salí de su casa, vi a mi izquierda el árbol de la vida, y a la derecha, a vosotros. Sentados, comiendo, tranquilos, mirando a esta ciudad alta y de apariencia neblinosa, de casas de colores vivos, y volcanes al fondo, donde sólo se respiraba silencio, y ganas…
 
 
“Por los niños que cogió la muerta jugando, por los hombres que desfallecieron trabajando, por los pobres que fracasaron amando, pintaré con grito de metralla, con potencia de rayo, y con furia de batalla” (O. Guayasamín, En la Capilla del hombre).


sábado, 8 de noviembre de 2014

"La sal de la tierra"

...Cuando alguien ha vivido de cerca la barbarie, y ha sabido captar desde una profunda empatía, que va más allá de la mirada y la presencia, el rostro del hambre y de la guerra, de los éxodos, y del dolor humano, es difícil imaginarse una reconciliación con la condición humana tan épica, tan enorme y tan valiente: plantar 17.000 acres con más de 2,5 millones de árboles, para combatir una parte de la deforestación de la selva amazónica de su Brasil natal, de la tierra donde se crió... 
 
Conmovedoras y durísimas imágenes las del documental "La sal de la tierra". Brillante manera de aproximarnos a los viajes, a la fotografía y al mundo de Sebastiao Salgado, la de Wenders y Riberio Salgado, su hijo. Extraordinaria vida y estimulante forma de afrontar la decepción por todo lo humano, de seguir, de no pararse, la de Sebastiao y Lelia, o la de Lelia y Sebastiao, todo en uno. Volver a los orígenes. A la tierra. Plantar. Renacer.
 

domingo, 26 de octubre de 2014

Tirantes. Noche. Octubre. Bola del mundo

...En tirantes, con la ventana abierta, de noche a las siete de la tarde, y con la bola del mundo al lado, me muevo al ritmo de una canción que oigo en la radio, mientras intento preparar las clases de mañana. Una canción conocida, que no identifico, con mucho ritmo, pero suave. Hoy es un día raro. Los cambios estos de horario, que anticipan la noche, cuando no nos ha dejado todavía el calor, nos remueven, y crean paradojas como la que estoy viviendo en estos instantes. Tirantes, noche, finales de octubre (y bola del mundo, conmigo, mirando, dispersa). 
...Me detengo en el Tibet y veo que está, a mi vista, casi más cerca de Afganistán que de la capital china, aunque tengas que pasar algunas fronteras. Y uno sabe que Pakistán separa a Afganistán de la India, ¿pero también de China? Esto siempre se me olvida, con los rasgos físicos tan distintos que tienen sus habitantes...Es  heterogénea, intensa, desconocida, perturbadora para mí, Asia. Y seguro que fascinante, como lo es, desde que recuerdo, poder deslizarme con la yema de los dedos de un país a otro, de un continente a otro, sin moverme del sitio, sólo haciendo rotar esa esfera que tengo a mi lado. Realmente, el formato no es tan importante, me quedo embobada también con cualquier mapa del mundo, recorriéndolo con los ojos y la cabeza. Relativizas tanto con sólo mirarlos. Ando organizando un poco mi vida, pensando en lo siguiente, porque en el hoy pensé hace un par de meses. Sólo un par, y ya es mucho. Me gusta la improvisación, y sé que la vida es una continua improvisación. Pero también que haya que crear las circunstancias para generar recuerdos (o no sé si me gusta esto, pero creo que es así), porque los días se vuelven perezosos, algunas etapas cansadas, y con un poco de inercia de aquí y otro de desgaste de allá, también nosotros y lo que nos rodea.
Leo mucho de todo, últimamente. Mucho. Me cuesta salir de casa. No me da tiempo a hacer o a leer lo que "tengo que" y lo que me invento. A veces para evitar, otras para afrontar. Y aquí sigo, en tirantes, con la ventana abierta, mirando la bola del mundo de soslayo...Ahora ya centrada en América, del Sur, al Este, en su parte andina...y en las clases, claro.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Diario

Hoy han pasado cosas. 
Ha sido mi mejor clase de yoga desde que empecé. Hemos trabajado la concentración y me ha ido bien. Luego, en la meditación final, relajada y exhausta, has aparecido tú en el líquido amniótico abrazado a mí,  flotando. En una de esas posturas de abrazos en las que nos dormíamos tan fácilmente en cualquier lugar pese a la aparente incomodidad de las mismas. Y he sonreído aunque seguía con los ojos cerrados. Es tremenda la cabeza. Así que no sé muy bien si te has colado en mi relajación, o es que al sentir la relajación, has venido tú. Me quedo con lo segundo. Porque, después, me he dado cuenta de que entre tantas aceptaciones y seguir porque sí -nada es terrible-  me estaba olvidando del gusto de las pequeñas conquistas, a las que les podemos prestar toda nuestra atención y  mimo. De que aunque algunas cosas importantes no vayan bien en este momento, se puede encontrar y construir un cómo, día a día, gratificante. Me había olvidado de lo que podemos controlar. Fíjate. Yo.   

domingo, 14 de septiembre de 2014

 
"Ésa es la paradoja perversa que esconde el miedo al compromiso: cuanto más te amen, más se alejarán" (W.Riso)
 

jueves, 11 de septiembre de 2014

Estando...

...Los días se acortan. Empieza a haber hojas caídas en el campus. Aunque todavía no parece que sean de los árboles que hay alrededor. Camino hacia casa y me doy cuenta de que todo cambia. De que cuando te das cuenta, ya ha cambiado. Y respiro. Hondo. También sonrío. Estas cosas son el pan de cada día, me digo. No se puede tomar como algo personal. Pasan continuamente. Los desencuentros. Antes, después. Una vez más. Pero ya pasó. Lo que estaba sobre la mesa era el corazón. Y el mío es tozudo, tremendamente tozudo. Qué paciencia (con él, conmigo). A veces pienso que era esa mi asignatura pendiente, la inconsciente, aceptar o consentir, que el corazón,  el alma, lo hicieran. No la razón, esa ya lo hacía. Volver a confiar y consentir. Las dos cosas posiblemente iban juntas, en el mismo lote.
...Todo cambia. Y cuando te das cuenta, ya ha cambiado. 

jueves, 4 de septiembre de 2014


"...Cuando vivimos una relación, los enfados y dolores no resueltos en el pasado los plasmamos en el presente con el otro a través de nuestras reacciones.
Por lo general , estos viejos dolores no aparecen hasta que no tenemos una relación de pareja, y suponemos que es nuestro compañero quien los causa.
Habitualmente, esto no ocurre al principio, sino a medida que nos vamos sintiendo verdaderamente unidos al otro. Este niño herido que llevamos en nuestro interior es como un agujero negro que lo absorbe todo, es como un dolor de muelas: cuando aparece no podemos pensar en otra cosa, el dolor domina nuestra vida.
En muchos casos de separación el problema no se encuentra en la relación de uno con el otro, sino en asuntos no resueltos de uno de ellos (o de los dos) con su propio pasado. Mi reacción genera tu reacción, y así nos vamos potenciando negativamente. Hay que ocuparse de este niño herido porque si no, él seguirá reaccionando y empeorando mis relaciones íntimas...
Es necesario volver a insistir en que no es posible descubrir algunas de estas heridas en soledad. Necesitamos de alguien que nos permita encontrarlas, un vínculo que las dispare con una persona que las autorice, que nos permita sentir lo que sentimos sin descalificarnos. El niño herido necesita la validación de su dolor. Sólo cuando la persona se siente validada en su dolor puede expresarlo y atravesarlo..." (Revisando "Amarse con los ojos abiertos")