jueves, 24 de abril de 2008

Encontrando(me) a(con) los excesos

Cuatro horas. Cuatro horas me dijo una voz suave con acento extranjero que debía durar la bolsa de suero que iba entrando silenciosamente por mis venas…Y en ese tiempo, durante esas horas, el ritmo cadencioso con el que cada gota caía, se posaba sobre la pequeña cantidad de líquido estancado y se precipitaba hasta el antebrazo, me absorbió –casi me “abdujo”- y me dejó ensimismada, absorta -casi inconsciente-…Fue entonces cuando se cruzaron los adentros… Esos días –los previos a estar allí- la vida me desbordaba. Salía a borbotones por la boca y se derramaba. Me hacía temblar y sentir. Acaparar caricias sin apenas digerirlas. Derrochar miradas, largos silencios cómplices, y palabras con tino y caramelo. Realidad con grandes dosis de incredulidad. Por sorpresa, por intensidad, por la intensidad de su sorpresa, por su forma, por su fondo –el que se dejaba ver o el que yo veía-, por sus maneras, por sus intenciones. Por estar un día a un lado y al día siguiente al otro. Por sentirme cerca de los extremos, con razones. Por vivir con ganas y toparme con los límites. Así, de sopetón, de lleno.

jueves, 27 de marzo de 2008

Para ti es un globo muy inflado

…Él las llamó entonces (y se quedó) “posibilidades de ensanchamiento…” (y lo dejó así, abierto). Pude sentirlas más tarde (también quería, lo sé, pero no intervino la voluntad aquí, no. Las sentí). Y lo entendí (aunque sé que todavía tengo mucho que aprender para hacerlo en todos sus términos y con la mayor parte de sus derivaciones y matices)…
… A Marina le leo estos días “aumento de posibilidades”, como una de las dos gigantescas motivaciones del ser humano. Y cuando se aumentan las posibilidades nuestro ánimo se dilata, se expande. (La otra es el bienestar)...
…Erich Fromm pensaba que “la creación” –la primera de las motivaciones de Marina- era la más poderosa…
…Spinoza, llamó a ese sentimiento “alegría”. “Todo el mundo quiere ser la ocasión de que algo bueno o bello o brillante o conmovedor exista”.

…Pero no siempre hay fuerzas, no siempre hay ganas, o no siempre el camino está tan limpio de matorrales, ni el cielo tan despejado ni luminoso, ni nosotros tan abiertos a lo innovador, tan plásticos a lo arriesgado o difícil que llega o está por llegar…Y es que a veces resulta más complejo que otras vivir con nuestras contradicciones: “queremos estar simultáneamente tranquilos y exaltados, ser a la vez tiernos y apresurados, vinculados y desvinculados, intrascendentes y trascendentales…amantes y amados”

martes, 25 de marzo de 2008

Incursión en el pasado

(No sé si es que mi altura no me lo permitía, o es que cuando era niña mis miradas iban dirigidas hacia otros sitios, pero no recuerdo haberme dado cuenta nunca de que al bajar las calles, casi cualquiera, se podía ver el campo y en él las estaciones con sólo mirar a lo lejos.
Crecí en un pueblo ubicado en la zona más alta del valle que lo rodeaba. Desde los seis hasta los catorce años fui al mismo colegio. Tuve suerte. Disfruté muchísimo durante esos años. Mis compañeros de pupitre y juegos eran despiertos, inquietos, algo pillos, listos, con sonrisa en los labios y a menudo con risas en la boca…y, sin ser muy consciente, mis amigos de entonces)

Bajamos la calle. Una calle estrecha, con escalones bajitos y grandes descansillos, desde la plaza del pueblo hacia las dos ermitas. El horizonte era verde. La hierba del campo, los abetos -los de siempre-, los montículos de antiguas minas de carbón -también ahora verdes-... el sol bajo, a la derecha, ese olor mezcla de amapolas recién cortadas e incienso de esta época del año que recordaba…Luego, el camino hacia la aldea. Hablando, bromeando, tratando al mismo tiempo de reconoceros a vosotros y a los lugares, las colinas, los cruces, las casas...Y al llegar, en la terraza improvisada de la puerta del bar, de nuevo las bromas y la charla de antes, del antes, como si no hubiera pasado el tiempo. Como si las barreras inevitables que este va construyendo al crecer y llevar vidas distintas, reforzadas por las que levanta la distancia, se hubiesen esfumado, se hubiesen diluido en aquel valle, en esa tarde de viernes. Como si hubiéramos retrocedido a la infancia, y “el nosotros” del presente (con nuestras circunstancias y experiencias propias e independientes) hubiera dejado de existir por unas horas.
Recordamos repetidas veces viejos chascarrillos y vivencias comunes, muchas, casi todas (ampliando los límites de mi memoria consciente más allá de lo imaginable). Arañamos minutos al sol, bordeamos las edades pasadas hasta llegar allí y nos quedamos con ganas de más.

sábado, 15 de marzo de 2008

Porque tú hace mucho ya que te quedaste...

Acabo de hablar con Mariano. Estaba nervioso. Andaba sacando y metiendo cosas en la maleta. Como siempre, antes de partir, como todos los años en estas fechas. Hasta las tres no cerrará el equipaje. Le he dicho que no se apure, que este año no le van a pedir galletas de chocolate ni latas de atún a medianoche. Ha hecho una pausa. He intuido una sonrisa. Me ha dicho que se acordará de mí…pero que las galletas no las saca, que las llevará todo el día consigo por si ve a alguien que las necesita, sobre todo en la cola del café…a medianoche…

“...Allí, los sentimientos más puros, las ideas más claras, los pensamientos más lúcidos llegan sin avisar, te pillan desprevenido y te desbordan; y sé que siempre llegan, que siempre hay un antes y un después, pero me siguen pillando desprevenida… Cuando uno se abandona al anochecer de la luna llena de Pascua en aquellas colinas bajas, verdes, onduladas, desde el rincón por el que se accede a la parte Este de la iglesia, puede pasar horas y horas en silencio, tranquilo, mirando al horizonte, con la alegría serena del que encuentra su lugar, con la calma del que todo lo tiene, con el cobijo del que se sabe protegido y la confianza del que se siente capaz de superar sus obstáculos, romper sus ataduras y creer en sus posibilidades, en sus inmensas posibilidades…Es el amor. Es el amor que todo lo puede, es ese mágico y a veces extraño, círculo virtuoso, tan frágil y tan fuerte al mismo tiempo, que lo rodea; es esa intensidad y bondad que lo caracteriza, lo que nace y puede habitar en nosotros, y además es capaz de trascendernos obnubilando nuestras oscuridades y haciendo brillar nuestra luz… Es el amor…” (Pandemonium, abril 06)

“Me he dado cuenta de que hay veces en la vida que es necesario preparar “sorpresas”, porque así conseguimos hacer únicos determinados momentos, que de otra manera no trascenderían por su extrema cotidianeidad.
Me he dado cuenta de que cuando sentimos la necesidad de despedirnos de alguien o de algún lugar, debemos respirar hondo y hacerlo, a ser posible solos.
Me he dado cuenta de que cada persona puede estar intentando acercarse a nosotros de la mejor manera que sabe. Y porque a veces uno no perciba ese acercamiento o incluso ese intento de acercamiento, no significa que el otro no lo esté intentando. Que cada uno tenemos nuestras maneras y nuestros ritmos.
Me he dado cuenta que hay que empezar cuantas veces sea necesario: No una o dos o cinco. Cuantas veces sea necesario. Que vale cansarse y parar, pero que siempre hay que volver a retomar el camino.
Me doy cuenta cada vez más de que por muy distintos que seamos, todos bebemos de una misma fuente.

Me he dado más cuenta de lo importante que es la paciencia y la espera para con el otro. Y de que hay que evitar las susceptibilidades. Que en el fondo no nos juzga nadie, sino nosotros mismos.
Me he dado más cuenta de que todos nos equivocamos y podemos en un momento determinado no saber qué hacer para que una relación funcione. Pero que la posibilidad de comenzar una relación no puede depender tanto del equivocarnos o no, que todo tiene que ser más sencillo, que el amor, en particular o en general, tiene que ser más sencillo. Y que cuando lo haya de veras, todo se vuelve más fácil y se crea un ambiente propicio al diálogo.
Me he dado más cuenta de otro matiz de la confianza. Que no sólo en la vida, sino con las personas, especialmente con las personas, la confianza se construye, no se produce por generación espontánea. Y que puesto que es construida, también puede sufrir ataques que la dejen herida e incluso destruirse. Que cada uno debe seguir su propio camino de confianza. Que con muchas personas no encajamos, pero que con otras muchas sí podemos compartir y construir esa confianza". (Una mañana de domingo de primavera en que los pensamientos y las emociones brotan de dentro como un volcán en erupción…Pandemonium, abril 07)

martes, 4 de marzo de 2008

Fly on, little wing…

…Una estación ya conocida muy transitada. Un pueblo grande con olor a primavera. Una terraza rodeada de luz para compartir. Un lugar de retiro y amabilidad. Un espacio diáfano y provocador que emula, en una de sus partes, el esqueleto de una ballena desde lejos, y el jardín de los recuerdos que nunca existieron desde cerca. Nuestro paseo, al atardecer. La primera broma ante mi manera compulsiva de quitarme y ponerme la chaqueta de cuero negro. Un laberinto de aparcamiento y un “chaval” en motocicleta que nos ayudan a dejar más perdido el coche. Nuestra incredulidad, nuestro asombro, nuestras risas. Un bistrôt francés donde las cartas se presentan como grandes pizarras que parecen engullirnos…y la delicia del mejor queso derretido en la boca aderezado con el mejor vino que lo acompaña. Sabores, conversación, más intimidad, más compañía. Un reencuentro con lo mejor del pop de los ochenta. Una voz desafinada que intenta engancharse sin suerte a otras dos, mucho más acompasadas. Una ausencia y bienvenida a un lugar donde todo es posible: incluso caminar sin prisas, respirar calma sin apartarse demasiado, y ver mar. Mar azul, del mediterráneo. Casas blancas. Voces de niños. El objetivo de una cámara que nos saca guapos. Una cena de chascarrillos, con incienso. Manta, sofá, juegos y más risas. Y al comenzar el día, en el tren de vuelta, los acordes de J. Hendrix en “little wing” entre sueños…

viernes, 29 de febrero de 2008

29 de febrero de 2008 (inciso)

...Esta primavera a destiempo y este día infiltrado adicional, me tienen alborotada. Desordenada por dentro y por fuera. Me coloco bien la camisa, el chaleco, el pantalón, el pelo. Da igual. Camino y me vuelvo a desbaratar. Es como si no encontrara mi sitio en mi propio cuerpo, con mi propia ropa, con mis propios movimientos, quizás en mi propia mente. Ando incómoda. Quizás algo molesta. Resoplo. Susceptible ante mis palabras y e incluso mis pensamientos…Impaciente, eso es, impaciente.
Cuántas veces te camelo, te seduzco, te acallo con palabras creíbles, te admito sin querer darte importancia…Y cuántas vuelves a pillarme desprevenida, a venir de otra forma que no me resultas conocida, a quejarte, a reivindicar que, aunque no lo parezca, algunos días sigues ahí…

viernes, 22 de febrero de 2008

“Diálogo en el océano”

Novecento: “¡…Por los clavos de Cristo!, pero, ¿tú viste aquellas calles?/Contando sólo las calles, las había a millares, ¿cómo os las arregláis para escoger una?/ Para escoger una mujer/ Una casa, una tierra que sea la vuestra, un paisaje para mirar, una forma de morir/. Todo ese mundo/ Ese mundo encima que ni siquiera sabes dónde acaba/ Y cuánto hay/ ¿No tenéis miedo de acabar destrozados sólo con pensar en esa enormidad, sólo con pensar en ella? Y para vivirla…
…La tierra es un barco demasiado grande para mí. Es un viaje demasiado largo. Es una mujer demasiado hermosa. Es un perfume demasiado intenso. Es una música que no sé tocar. Perdonádme…” (A. Baricco)

Libertad: Pues no muy bien N., no muy bien. No sé. Las casas, por ejemplo, imagino que son mías, y que siempre hay más, otras, más bellas, siempre más bellas, donde podré vivir, si no vivo hoy. O redecorar, aunque no enteras, eso no quiero hacerlo, algo tiene que quedar, aunque sólo sea yo. Los paisajes, me desbordan, claro, como a ti, tú eres sabio. A veces los miro según van viniendo, y otras, si tengo muchas ganas, los busco. No pasa nada por buscarlos, creo. Lo importante es no obsesionarse con los que no ves. Y disfrutar los que puedas. Con mimo, con delicadeza, con mucho cariño. Lo de escoger un hombre, ¿ves?, eso me parece todavía más difícil. A veces por la inmensidad y diferencias, otras por el vacío y la indiferencia. No hay manera. Y en "todo" este mundo, en "todo" este mundo raramente puedo pensar. Como un todo, nunca. Me atraganto. Me atoro. Demasiado. Últimamente intento aprender de nuevo a ver, porque en la tierra, un francés, Albert (Camus), dijo que eso era pensar…Y tengo miedo, tantas veces, de tanto... Pero cómo no te voy a perdonar…!cómo! Si me has hecho caer de nuevo en la hermosura de la vida, en su olor intenso, en su melodía “casi intocable”, en su grandeza…