viernes, 19 de diciembre de 2008

Feliz Navidad

"Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al Sur.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño se quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
-!Ayúdame a mirar!" (Eduardo Galeano,El libro de los Abrazos, 1989)

...Porque seamos capaces de abrir más caminos y no dejemos de aprender cada día a mirar las cosas como un niño, con ojos nuevos ...

martes, 9 de diciembre de 2008

A mis anónimos preferidos...

...Tú naciste la primera. Me enseñaste poco con palabras, y casi todo con hechos. Al principio quería sacarte el misterio –ya sabes que mi obsesión por aprender viene de niña-, pero no tardé en darme cuenta de que lo que yo llamaba “halo de misterio”, era “clase”; y con la clase se nace (raramente se hace). Fuerte de natural, y en todos los ámbitos. Inteligencia aplicada. Sin conocer jamás la envidia, sin hablar jamás de nadie, y sobre todo, sin juzgar, sin juzgar jamás a nadie. Independiente. Siguiendo tu camino, porque era tuyo, y no era cuestionable que fuera de otro, nunca. Casi impermeable a las críticas, pero permeable al aprendizaje y al afecto, al cariño (cuando no estoy bien de salud y lleva tiempo sin verme, a veces me llama “princesa”). Reservada para lo de dentro. Tremendamente generosa, desprendida. Alegre. Optimista. Y, hoy, además, inmune al desaliento como Madre (tengo que poner la mayúscula, es imposible no hacerlo)...

...De niña me enfadaba cuando no me dejaban cogerte por si te tumbaba. Nunca vi cara más preciosa (ni la sigo viendo…). De una sensibilidad extrema. Creativa. Rebelde. Inteligente, no sólo por la parte que viene de tu sensibilidad, que es mucha, sino porque todo lo pillabas al vuelo, sin método, sin repetición, sin reglas, porque sí. Sobre todo de fortaleza adquirida. Hecha con el esfuerzo de cada día y con la determinación de quien sabe que lo es (porque lo es), y porque a veces hay que pegar un puñetazo en la mesa, que aunque nos duela, nos ayudará siempre. No te amilanas casi ante nada. Exigente (pero si la miras a los ojos, pone cara de circunstancia, y te abraza). Afectiva. Juguetona. Alegre y risueña (a veces pa´ dentro, sólo a veces). Sabedora de su necesaria dosis de ilusión, planifica para ser más feliz. Sin meterse jamás en la vida de nadie. También desprendida. Hoy, caminas de la mano de tu compañero con paso firme...

viernes, 5 de diciembre de 2008

"Pájaros de barro"

Hoy cierro los ojos y me río. Hoy cierro los ojos y bromeo. Hago cosquillas, remuevo el pelo y despeino. Y si veo que fruncen el ceño, lo intento colocar como estaba y sonrío. Tengo ganas…dentro. Hoy cierro los ojos y veo, una cometa verde volar casi rozando el mar en la playa, también una mujer joven de semblante agradable con un traje de bambula blanco situada en una esquina, al amparo de una sombrilla de muchos colores, que pinta a los que pasean, y, a un chico con cara de soñador sentado en una mesita redonda de estilo parisino, que hay en un café que mira al mar, apuntando algo en un cuaderno de muelles de los de antes. Azul. Como el cielo, azulísimo. Yo, con la arena mojada por las olas que trae la marea, intento hacer pájaros con mis manos (torpes pero tozudas), compactando y apelmazando la arena para convertirla en barro. “Pájaros de barro” que adorno con dos trocitos de conchas en los ojos y una entera, más puntiaguda, en el pico. Luego me tumbo al lado de ellos, allí en medio, entre todo, mientras se secan al sol. Y pienso que cuando estén listos los echaré a volar, a volar...Y vuelvo a sonreír, contenta.

Cuando abro los ojos, estoy en casa, sentada frente al ordenador. Sé que dentro tengo ganas… pero no puedo sentirlas fuera. Paciencia, me digo. Sin embargo, me acuerdo de la letra de Manolo García y me hago una promesa: intentar que no haya más páginas en blanco.

domingo, 30 de noviembre de 2008

El tiempo y sus refugios (de Borges)

«Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma. Y uno aprende que el amor no significa acostarse. Y que una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender... Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad. Y después de un tiempo uno aprende que, si es demasiado, hasta el calor del sol puede quemar. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno es realmente fuerte, que uno realmente vale y uno aprende y aprende... y así cada día. Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado. Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad. Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados y que quien no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de falsas amistades. Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de ira siguen hiriendo durante toda la vida. Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es atributo sólo de almas grandes.Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible. Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el sendero del mañana no existe. Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen, ocasiona que al final no sean como esperabas. Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante. Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás a los que se marcharon. Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, pues ante una tumba ya no tiene sentido. Pero desgraciadamente, sólo con el tiempo...» Jorge Luis Borges.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Mi corazón (sin razón)

El corazón no se atiene a la razón. Pero se puede amoldar a las razones. No todos ni a todas, pero sí algunos, y a algunas. Hay corazones que son más razonables que otros, mucho más...y por eso a veces me gustaría que me transplantaran el mío (aunque sólo fuese en sentido figurado y sólo a veces)

sábado, 15 de noviembre de 2008

Cadenas virtuosas

…. Dejé la factura de teléfono que miraba sobre la mesa. Encendí la lámpara de mimbre de luz tenue amarillenta para las ocasiones especiales. Me incorporé en el sofá de manera que pudiera ver bien la pantalla del televisor, subí el volumen con el mando…y empecé a escuchar la voz pausada de Victor Érice contándonos el verdadero final de la película el Sur. Con todo detalle, esmerándose en hacernos saber por qué ese final y no el que se grabó finalmente le da coherencia moral a la historia y al comportamiento de los personajes…No sé exactamente en qué momento pero en esa explicación mencionó a Robert Louis Stevenson (que como él mismo dijo, “nunca dejó de apreciar la belleza de la tierra ni de expresarlo”)…Enmudecí unos instantes…pensé en mi amigo del norte y pensé también en la frase que le había oído a Victor Érice: "En la realidad está todo, sólo hay que fijarse...". Y... me vino a la cabeza y casi a los ojos, aquel pasaje soberbio de Muñoz Molina titulado “El misterio de la lentitud”, donde nos trasmitía como Victor Érice intentaba captar magistralmente la luz del otoño (la parte casi imperceptible) sobre los membrillos que pintaba (genialmente) Antonio López , en su película “El sol del membrillo”… Y, entonces, aparqué a Érice y me detuve en Muñoz Molina. El “descriptor” de lo imposible. El lúcido pensador y ensayista que unos días antes me había deleitado con su conversación con Todorov. Un Todorov, extraordinario, preclaro, humano. Y repetí lo retenido, ahora de Todorov... “La responsabilidad que nos corresponde es la que menos ejercemos: la de comprender de verdad, hondamente, sin prejuicios sectáreos, la tragedia que vivieron nuestros mayores" (…) “Civilización es igualdad ante la ley y respeto a las diferencias de los otros. Barbarie es desigualdad, injusticia, tiranía. El derecho a la diferencia no equivale a disculpa para la opresión. Hay muchas maneras de cultura, pero sólo una de civilización: aquella que no consiente que se ejerza abuso sobre nadie"...Y cerré los ojos, y me dormí con cierta tranquilidad, con cierto regusto por el trabajo bien hecho de otros, con esa especie de confianza en la vida que generan algunas personas con lo que piensan o hacen, con lo que filman, con lo que escriben, con lo que pintan, con lo que son capaces de captar y sobre todo de trasmitir.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Melancolía de caracolas

...Siempre tuve cierta querencia por el Sur. "Quizás" porque soy de allí, o quizás porque, como decía un amigo, el Sur “es un estado del alma” (hace tiempo que creo que también el Norte…pero otro). Y a los estados del alma, siempre se vuelve, como al amor. Siempre…Esta tarde de viernes, “obligadamente” charlatana “pa´ fuera”, y callada y ensimismada “pa´dentro”, tarareo casi mecánicamente, como si inconscientemente estuviesen grabadas en mí, desde mucho, las melodías de Ruibal.

(Lo descubrí en un café “medio clandestino” -por su carácter “manifiestamente escondido”- de la calle que estaba detrás de los jardines de la Victoria. Justo detrás, a mano izquierda. Se me ha ido el nombre…pero recuerdo perfectamente las escaleras estrechas, viejas y empinadas que había que bajar para llegar al sótano, al café…y…le pongo música a poemas, y oigo una voz grave mezclada con una guitarra y con otros sonidos que se me agarraban a la garganta, y que me hacían allí mismo soñar con el mar, oler a azahar, y mirar a lo lejos. Mucho más lejos de aquella “salita-café” subterránea. Y de la calle donde estaba. Y de mi casa, y de la ciudad. A lo lejos, al horizonte grande y profundo que alcanzaba mi imaginación)

Unas melodías que me estremecían, que me hacían ponerme meláncolica y alegre al mismo tiempo, sintiendo sola lo que él mismo llamaba una “melancolía de caracolas”. Unas melodías que hoy, a más de cuatrocientos kilómetros y a años, sin mar, y sin azahar, sólo con un suave susurro, con un tarareo entre dientes, apenas perceptible, me siguen estremeciendo…

“...Por qué sigo aquí, de qué sirve
esperar a un hombre que siempre fue libre
Dime tú si vale la pena amar tanto el mar
y enterrarse en la arena…aylayla…aylayla”