sábado, 31 de enero de 2009

30 enero de 2009


"NO HAY CAMINO PARA LA PAZ, LA PAZ ES EL CAMINO"
(M. Gandhi)

miércoles, 28 de enero de 2009

28 Enero 09, Sto. Tomás de Aquino

Siempre supe de mi incapacidad para hacer dos días exactamente lo mismo y más a la misma hora. Nunca pude seguir los mismos pasos al levantarme, ni al acostarme, ni al salir de casa. Casi siempre me costó cumplir los horarios que no hubiera elegido mi libre albedrío (aunque eso no impidiera que los cumpliera). Para lo bueno y/o para lo malo, jamás fui persona de costumbres (o quizás, mejor dicho, de seguir rutinas), lo que no significa que no haya disfrutado de momentos que se repetían: como llegar a casa, ponerme ropa cómoda y sentarme en el sofá mirando hacia la ventana mientras escuchaba música. En los últimos años, mi indisciplina se había suavizado mucho (si una persona es indisciplinada y vive sola puede adquirir un grado de aislamiento del mundo que nunca quise para mí); sin embargo, en estos días, me doy cuenta de que lo que yo creía disciplina diaria se alejaba sustancialmente de serlo…y empiezo a encontrarle gusto a las horas de descanso, de comidas, de charla, de paseos dentro de casa, de lectura, que se repiten a diario...

P.D.:… Aunque ayer me dormí pensando en la frase de Paracelso que Davies recoge en su libro Ángeles rebeldes: “otro no sea quien pueda ser el que es”….

martes, 20 de enero de 2009

Acá, allí

A veces es como si el mundo estuviera dividido en dos. Como si existiera una línea divisoria intangible, pero perceptible al menos desde mi óptica, entre el mundo de los de allí, los de fuera, y el de los de acá, los de dentro. En el mundo de los de allí, la gente camina casi siempre apresuradamente, cogen el autobús o el coche, se dirigen a sus lugares de trabajo, hacen la compra a la salida -entran y salen del supermercado con bolsas en las manos-, piden cita con el logopeda de sus hijos, van a recogerlos al colegio y los llevan a gimnasia o a música, hablan por el móvil, quedan con los amigos para tomar una caña después del trabajo y charlar sobre un nuevo proyecto que tienen entre manos, comentan sobre el nuevo o la nueva que ha entrado en el trabajo -sobre sus jefes, sobre sus compañeros-, organizan una cena en casa durante el fin de semana para celebrar su cumpleaños que fue la semana pasada, van de rebajas, se visten a diario…
Lo veo por la ventana. Casi me marea el trasiego, y me retiro, pero en el fondo siento una especie de “ganas escondidas por la fatiga” de estar al otro lado del cristal. Pienso que desde la otra óptica, la de la vida que transcurre fuera, la sensación no es la misma, la “consciencia” no es la misma. Esta consciencia, la de la línea divisoria intangible, pero perceptible, sólo se adquiere desde esta óptica, al menos de forma lúcida, clara, y más continuada. Y esta óptica no se elige. Nadie te pregunta, claro. Sólo te dan un empujón, y cuando quieres darte cuenta estás ahí. Aquí, acá… Pero pronto empezaré a pasear, tres minutos, cinco, diez, cada día un poquito más. Pero empezaré, y, pasearé. Pasearé.

miércoles, 7 de enero de 2009

Punto de inflexión

Media España está nevada. Intento aislarme de las paredes que me rodean, sobre todo, que me han rodeado, y mirar fijamente las imágenes que aparecen en la tele. Necesito agarrarme a todo lo que me dé fuerza y me permita colaborar más con los que me cuidan y me quieren –eso lo descubrí cuando asumí mis circunstancias y supe el valor de pasar una noche sin dolor-. Colaborar más allá de lo que lo hacen mi cuerpo y mi mente por sí mismos. Encontrar mi fuerza y mis ganas, las que sé que tengo. Al mirar la tele, me imagino en un valle rodeado de montañas nevadas, de árboles pelados que sostienen en sus ramas copos de algodón, y de una luz que casi siento que me reverbera en los ojos e ilumina todo el paisaje invernal, y lo hace brillar…Sabía que mi cuerpo estaba fallando más de lo “habitual” en los últimos meses, pero aún así me han pillado de sopetón estas navidades de hospital (mi optimismo me convierte en ingenua). Por eso, sólo quiero rodearme de lo bueno, de lo cálido, de lo amable. Sonreír. Intentar vivir la parte positiva de las cosas, sin convertirme en indolente. Aceptar lo que pasa. Disfrutar de todos los instantes que pueda. Creer en mi recuperación. Cerrar los oídos a las palabras dañinas, a las discusiones baldías. Alejarme más de quien me ha dolido e intuya que pueda dolerme. Acercarme más a todas las personas que me quieren como soy, sobre todo con mis miserias y mis debilidades. Abrazar los momentos únicos –vuestra mano cogida durante aquellas horas en las que me hablábais para que no sintiera miedo-. Agradecer el afecto y el cariño de todos los que han estado ahí, pese a mi ostracismo de las últimas semanas, conmigo. Media España está nevada. Y aunque sólo han pasado siete días, el 2009 ya es un punto de inflexión.

“Cuando la muerte quiera
una verdad quitar de entre mis manos
las hallará vacías. Al cerrarme los ojos
se mojará los dedos con la lluvia.

Nos duele envejecer, pero resulta
más difícil aún
comprender que se ama solamente
aquello que envejece”

“Habitaciones separadas” (1994). Luis García Montero.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Feliz Navidad

"Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al Sur.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño se quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
-!Ayúdame a mirar!" (Eduardo Galeano,El libro de los Abrazos, 1989)

...Porque seamos capaces de abrir más caminos y no dejemos de aprender cada día a mirar las cosas como un niño, con ojos nuevos ...

martes, 9 de diciembre de 2008

A mis anónimos preferidos...

...Tú naciste la primera. Me enseñaste poco con palabras, y casi todo con hechos. Al principio quería sacarte el misterio –ya sabes que mi obsesión por aprender viene de niña-, pero no tardé en darme cuenta de que lo que yo llamaba “halo de misterio”, era “clase”; y con la clase se nace (raramente se hace). Fuerte de natural, y en todos los ámbitos. Inteligencia aplicada. Sin conocer jamás la envidia, sin hablar jamás de nadie, y sobre todo, sin juzgar, sin juzgar jamás a nadie. Independiente. Siguiendo tu camino, porque era tuyo, y no era cuestionable que fuera de otro, nunca. Casi impermeable a las críticas, pero permeable al aprendizaje y al afecto, al cariño (cuando no estoy bien de salud y lleva tiempo sin verme, a veces me llama “princesa”). Reservada para lo de dentro. Tremendamente generosa, desprendida. Alegre. Optimista. Y, hoy, además, inmune al desaliento como Madre (tengo que poner la mayúscula, es imposible no hacerlo)...

...De niña me enfadaba cuando no me dejaban cogerte por si te tumbaba. Nunca vi cara más preciosa (ni la sigo viendo…). De una sensibilidad extrema. Creativa. Rebelde. Inteligente, no sólo por la parte que viene de tu sensibilidad, que es mucha, sino porque todo lo pillabas al vuelo, sin método, sin repetición, sin reglas, porque sí. Sobre todo de fortaleza adquirida. Hecha con el esfuerzo de cada día y con la determinación de quien sabe que lo es (porque lo es), y porque a veces hay que pegar un puñetazo en la mesa, que aunque nos duela, nos ayudará siempre. No te amilanas casi ante nada. Exigente (pero si la miras a los ojos, pone cara de circunstancia, y te abraza). Afectiva. Juguetona. Alegre y risueña (a veces pa´ dentro, sólo a veces). Sabedora de su necesaria dosis de ilusión, planifica para ser más feliz. Sin meterse jamás en la vida de nadie. También desprendida. Hoy, caminas de la mano de tu compañero con paso firme...

viernes, 5 de diciembre de 2008

"Pájaros de barro"

Hoy cierro los ojos y me río. Hoy cierro los ojos y bromeo. Hago cosquillas, remuevo el pelo y despeino. Y si veo que fruncen el ceño, lo intento colocar como estaba y sonrío. Tengo ganas…dentro. Hoy cierro los ojos y veo, una cometa verde volar casi rozando el mar en la playa, también una mujer joven de semblante agradable con un traje de bambula blanco situada en una esquina, al amparo de una sombrilla de muchos colores, que pinta a los que pasean, y, a un chico con cara de soñador sentado en una mesita redonda de estilo parisino, que hay en un café que mira al mar, apuntando algo en un cuaderno de muelles de los de antes. Azul. Como el cielo, azulísimo. Yo, con la arena mojada por las olas que trae la marea, intento hacer pájaros con mis manos (torpes pero tozudas), compactando y apelmazando la arena para convertirla en barro. “Pájaros de barro” que adorno con dos trocitos de conchas en los ojos y una entera, más puntiaguda, en el pico. Luego me tumbo al lado de ellos, allí en medio, entre todo, mientras se secan al sol. Y pienso que cuando estén listos los echaré a volar, a volar...Y vuelvo a sonreír, contenta.

Cuando abro los ojos, estoy en casa, sentada frente al ordenador. Sé que dentro tengo ganas… pero no puedo sentirlas fuera. Paciencia, me digo. Sin embargo, me acuerdo de la letra de Manolo García y me hago una promesa: intentar que no haya más páginas en blanco.