sábado, 7 de enero de 2012

...No recuerdo desde cuando el tiempo no es mío...

...No recuerdo desde cuando el tiempo no es mío. Ni de nadie. Sólo de cosas. Y ya no creo que el tiempo no exista y que sólo se trate de movimientos de consciencia. No, ya no. Ya tengo años suficientes para centrarme en lo concreto y olvidarme de lo abstracto de las teorías de la Física postmoderna que tanto me atraían hace quince años, o por lo menos de mantenerlo al margen de la vida real. El tiempo existe. Y además, las horas, los días, y las semanas, se me escapan de las manos sin darme cuenta. Es curioso y paradójico al mismo tiempo, pero sólo soy consciente, incluso de los instantes, cuando me paro. Pocas cosas hay más bellas que el sol de las tardes cortas de enero. A veces tengo la sensación de que es luz concentrada, concentrada en pocas horas pero llena de matices (en colores, en estados, en intensidad). Matices, tantos y de tantos tipos, que te absorben, te emborrachan, te hipnotizan, te adormecen melifluamente…
B. Russel decía en su libro la "Conquista de la felicidad" que existen dos tipos de aburrimiento: el embrutecedor y el provechoso. Yo hace demasiado que no sé de aburrimiento, pero sí de ocupaciones embrutecedoras. Demasiado. Y mi paciencia se agota. No para ellas, sino para no ocuparme de las provechosas, porque los días vuelan, y los años pasan. Y estas no pueden ser el coste de oportunidad de las otras. Ningún propósito este año, sólo estar. Estar. Pero me he descubierto más ambiciosa o exigente, no me vale cualquier estar. Ya no. Porque el tiempo, o como lo queramos llamar, existe. Y es que no recuerdo desde cuando el mío no es mío…

2 comentarios:

Auxi González dijo...

Pocas cosas hay más bellas que el sol de las tardes cortas de enero... Precioso homenaje a la felicidad. Con razón te haces llamar Libertad... Carpe Diem ;)

libertad dijo...

Gracias Auxi. Un beso