Hay momentos en que uno tiene la sensación de que su presente está lleno de demasiadas sombras. No es que sean partes oscuras, o no me refiero yo a eso, me refiero a vidas con las que nos hemos cruzado de una manera relativamente intensa, y con las que no conseguimos una reconciliación en paz que transforme ese encuentro en experiencia, y que le devuelva a ese perfil en sombra, el rostro de la persona con la que coincidimos. Dicen que no se olvidan las palabras dichas en determinados momentos. Yo creo que lo que no se olvida es sobre todo la interpretación (a veces real, casi siempre figurada) que los que las escuchamos hacemos de ellas. Dicen que los hechos son lo que cuenta, pero muchas veces se nos escapan entre los dedos gestos sencillos que creemos pueden alegrar a otro, sin más pretensión, o quizás con la pretensión no consciente de que las sombras que a veces aparecen se esfumen, pero no son acogidos como lo que son. Quizás no puedan ser acogidos así. No lo sé. Hay que aceptar tanto. Hay que respetar tanto… que a veces me llena la frustración de no poder reconciliar mi vida con mis sombras porque ellas se niegan a que les dé la luz. A convertirse en rostros. Con lo fácil que sería. Pero es cosa de dos. Sin embargo, y pese a esta frustración que me invade en determinados momentos, a esa sensación que asalta mi presente, tengo que reconocer, que no me impide mirar hacia delante y hacia arriba. Porque mirar hacia delante y hacia arriba hace tiempo que se convirtió para mí en una obligación moral. Por eso, y porque estoy encantada de volver a ver el sol, he decidido jugar a esconderme de esas sombras cuando vuelvan a aparecer, porque hacer como si no existieran no ha servido de mucho (al subconsciente no se le engaña tan fácilmente). Igual cuela….Mira que si un día al no encontrarme cogen y se van…
domingo, 5 de abril de 2009
domingo, 29 de marzo de 2009
...Quizás necesitemos "nice thick feathers"
Vueltas y vueltas absurdas, innecesarias.
Palabras que resuenan una y otra vez. Argumentos cansinos, sin fin, sin avance.
Me cansé. No más.
Todas se pueden desmontar con un beso.
Todos se pueden desarmar con un abrazo.
Sin más.
No más.
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martes, 17 de marzo de 2009
DeliKatessen con sabor agridulce
De la mano de Modiano despierto a la primavera. Y en todos los cafés que me encuentro estos días de últimos paseos por la ciudad que me ha cuidado, creo ver a través de los cristales a "Louki" , en la mesa que está al fondo, al lado de la puerta por la que da la sombra...
“...La vida a veces nos parece como un gran solar, sin postes indicadores, en medio de todas las líneas de fuga y de los horizontes perdidos, nos gustaría dar con puntos de referencia, hacer algo así como un catastro para no tener ya esa impresión de navegar a la aventura. Y entonces creamos vínculos, intentamos que sean más estables los encuentros azarosos…”
“…Se dicen tantas cosas…Y, luego, las personas desaparecen un buen día y te das cuenta de que no sabías nada de ellas, ni siquiera su auténtica identidad…”
“...Cuando de verdad queremos a una persona, hay que aceptar la parte de misterio que hay en ella…porque por eso es por lo que la queremos…”
“…¿Con qué derecho entramos con fractura en la vida de las personas? ¡Y qué desfachatez la nuestra al mirarles en los riñones y en los corazones! ¡Y al pedirles cuentas! ¿A título de qué?...”
“ A veces, nos acordamos de algunos episodios de nuestras vidas y necesitamos pruebas para tener la completa seguridad de que no lo hemos soñado…”
"En el café de la juventud perdida", Patrick Modiano, 2008
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martes, 10 de marzo de 2009
En el merendero, su cumpleaños
Mis cuitas siempre fueron las suyas. Mis pequeñas gestas vitales, su orgullo. Poseedor de la perseverancia, la disciplina, y sobre todo la actitud. Esa actitud que convierte en “héroe” a una persona normal. Siempre imaginé que era un águila protectora que, desde la altura, oteaba el horizonte y el camino por el que se movían sus polluelos: sin perderlos de vista, atento a cada uno de sus pasos, dejando que se levantaran solos cuando tropezaban, y recogiéndolos con sumo cuidado si la caída era más grave y requería ayuda. Su fuerza, todavía me asombra. Su paciencia, me evidencia cada día mis fragilidades; y el jamás haber sido consciente de su carisma, me enseña cada día a ser humilde. Ese carisma natural del que ama la vida y los frutos de ella sobre todas las cosas.
Mi incondicional, mi compañía omnipresente en espíritu, acaba de cumplir años. Se hace mayor. Envejece. Y que razón tienen los que dicen que se ama más lo que envejece (lo que se ha quedado tanto tiempo junto a nosotros, y de esa manera), porque aparcando la aceptación de la finitud de la vida de mi pensamiento, un escalofrío me recorre todo el cuerpo. Y me destemplo, me encojo, me “achico”...
Mi incondicional, mi compañía omnipresente en espíritu, acaba de cumplir años. Se hace mayor. Envejece. Y que razón tienen los que dicen que se ama más lo que envejece (lo que se ha quedado tanto tiempo junto a nosotros, y de esa manera), porque aparcando la aceptación de la finitud de la vida de mi pensamiento, un escalofrío me recorre todo el cuerpo. Y me destemplo, me encojo, me “achico”...
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viernes, 27 de febrero de 2009
Machado llena mis pasos (pensados)
Camino. Por calles estrechas (y casi laberínticas). Mis paseos sin rumbo, siempre me llevan a las partes más antiguas de la ciudad. Me gusta que sea así. Las piedras de canto redondo insertadas en el pavimento de algunas calles que ralentizan el paso, la necesidad de pararse cada vez que viene un coche para que quepamos ambos, y las bifurcaciones que te obligan amablemente a optar por un camino u otro, ya sea por la curiosidad de descubrir o las ganas de recordar o redescubrir los retazos que están en la memoria, me permiten llevar un ritmo pausado pero constante. Darme un respiro. Coger fuerzas.
(…Mientras tanto no puedo evitar pensar que el mundo llora…y que habitualmente hago tan poco por contribuir a paliar ese llanto. Siempre he pensado que si cada uno nos ocupáramos realmente de las personas que tenemos a nuestro alrededor, de nuestros afectos más próximos, con entrega, con mimo, con verdadera dedicación, el mundo iría mucho mejor. Pero justo ahora, que estoy “parada”, y veo al mundo rodar, desde otra óptica, creo que quizás eso no sea suficiente, aunque tranquilice mi conciencia. Que quizás hay que hacer más, porque se necesita más ayuda… porque el mundo llora, y las lágrimas se deslizan desde muchos frentes, desde demasiados, y yo oigo el llanto y veo las lágrimas más ahora…)
…Me detengo en un recoveco, y veo una calle que se deriva de él, sin apenas apreciarse. La sigo. Y al final de una travesía sin ventanas en donde casi he de apoyarme en las paredes para no perder el equilibrio, llego a un ensanche, y me deslumbra una casa, una casa antigua, antiquísima, pero exquisitamente cuidada, con grandes ventanas rejadas en la parte de abajo, y enormes balcones en la parte de arriba llenos de buganvilla que cuelga de ellos por las paredes. Es altísima. Señorial. Esbelta. Atravieso el zaguán, y tras unos portones de madera, descubro un patio precioso, como en un alto, lleno de enredaderas, con un pozo blanco, varios bancos, aperos de labranza abrillantados, faroles de otra época en perfecto estado, y flores, flores que parecen haber crecido justo donde han de crecer ... Se entreabre una puerta de cristal, oigo al Cigala, su “Compasión”, y mi memoria se hace más viva, más presente, y pienso en mi infancia, y otra infancia que leí tantas veces se me entrecruza…“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero; mi juventud, veinte años en tierra de Castilla; mi historia, algunos casos que recordar no quiero…” (A. Machado)
(…Mientras tanto no puedo evitar pensar que el mundo llora…y que habitualmente hago tan poco por contribuir a paliar ese llanto. Siempre he pensado que si cada uno nos ocupáramos realmente de las personas que tenemos a nuestro alrededor, de nuestros afectos más próximos, con entrega, con mimo, con verdadera dedicación, el mundo iría mucho mejor. Pero justo ahora, que estoy “parada”, y veo al mundo rodar, desde otra óptica, creo que quizás eso no sea suficiente, aunque tranquilice mi conciencia. Que quizás hay que hacer más, porque se necesita más ayuda… porque el mundo llora, y las lágrimas se deslizan desde muchos frentes, desde demasiados, y yo oigo el llanto y veo las lágrimas más ahora…)
…Me detengo en un recoveco, y veo una calle que se deriva de él, sin apenas apreciarse. La sigo. Y al final de una travesía sin ventanas en donde casi he de apoyarme en las paredes para no perder el equilibrio, llego a un ensanche, y me deslumbra una casa, una casa antigua, antiquísima, pero exquisitamente cuidada, con grandes ventanas rejadas en la parte de abajo, y enormes balcones en la parte de arriba llenos de buganvilla que cuelga de ellos por las paredes. Es altísima. Señorial. Esbelta. Atravieso el zaguán, y tras unos portones de madera, descubro un patio precioso, como en un alto, lleno de enredaderas, con un pozo blanco, varios bancos, aperos de labranza abrillantados, faroles de otra época en perfecto estado, y flores, flores que parecen haber crecido justo donde han de crecer ... Se entreabre una puerta de cristal, oigo al Cigala, su “Compasión”, y mi memoria se hace más viva, más presente, y pienso en mi infancia, y otra infancia que leí tantas veces se me entrecruza…“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero; mi juventud, veinte años en tierra de Castilla; mi historia, algunos casos que recordar no quiero…” (A. Machado)
(y lloro…Porque el mundo llora. Porque la belleza existe y me conmueve; y, sobre todo, porque todos deberíamos tener la oportunidad de que nuestros ojos la vieran, nuestros oídos la oyeran, nuestros sentidos la percibieran…)
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viernes, 13 de febrero de 2009
Cuánto... Qué poco...
Cuánto cuesta coincidir. Dar. Recibir. Ceder. Que cedan. Hacerse el uno al otro. En cuerpo. En espíritu. En pequeñas complicidades. En gestos. En miradas risueñas y melancólicas. En humor. Qué poco atragantarse cuando el otro se disfraza. Fingir no ver que el otro se atraganta cuando nosotros nos escondemos. Apostar por la posibilidad de una vida compartida y que el miedo, el statu quo adquirido, el quedarnos desnudos de nuevo frente a frente, lo mande todo al traste. Cuánto. Qué poco.
...Tu recuerdo es la foto de una niña con coletas y algunos churretes en la cara, con chapetas rojas mezcla de vida y frío de las altiplanicies, y, con los ojos rasgados en una mirada de colores hacia el tiempo del siempre y el todavía.
...Tu recuerdo es la foto de una niña con coletas y algunos churretes en la cara, con chapetas rojas mezcla de vida y frío de las altiplanicies, y, con los ojos rasgados en una mirada de colores hacia el tiempo del siempre y el todavía.
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martes, 3 de febrero de 2009
Invierno
…La cal es fría cuando llueve, incluso cuando está nublado. Es lo que le pasa a las paredes de las casas de los lugares cálidos. Es como si no les “pegara” ni el frío ni la lluvia. Por eso cuando lo hace o cuando cae el agua en un flujo continuo durante horas y horas, y a veces días, uno tiene la sensación de sentirlo más, sobre todo la humedad. Como si una frialdad se instalara debajo de la piel, cercana a los huesos, amenazante, silente, y te comprimiera los músculos e incluso las venas hasta dejarte encorvada y paliducha…
…Recuerdo y veo a mi padre siempre con una media sonrisa en la boca cuando me veía de esa guisa, mirándome y diciendo: “esta chiquilla no tiene sangre. Ponte derecha, levanta la cabeza, camina con determinación y mira “pa´lante”, verás como no tienes frío”. Yo, sonreía también, y con cara de escepticismo y complicidad –a sabiendas de que el otro conoce perfectamente tu reacción, aunque no la entienda, y te deja hacer con un mucho de cariño y un poco de resignación - me volvía presta y rauda hacia el calor del brasero…
…Hoy me he enfundado el abrigo y la bufanda, he levantado la cabeza y he salido a la calle, y los músculos parecen estar menos encogidos… Supongo que por lo que le ha tocado vivir, sobre todo, mi padre sabe de la actitud necesaria para espantar el frío…
…Recuerdo y veo a mi padre siempre con una media sonrisa en la boca cuando me veía de esa guisa, mirándome y diciendo: “esta chiquilla no tiene sangre. Ponte derecha, levanta la cabeza, camina con determinación y mira “pa´lante”, verás como no tienes frío”. Yo, sonreía también, y con cara de escepticismo y complicidad –a sabiendas de que el otro conoce perfectamente tu reacción, aunque no la entienda, y te deja hacer con un mucho de cariño y un poco de resignación - me volvía presta y rauda hacia el calor del brasero…
…Hoy me he enfundado el abrigo y la bufanda, he levantado la cabeza y he salido a la calle, y los músculos parecen estar menos encogidos… Supongo que por lo que le ha tocado vivir, sobre todo, mi padre sabe de la actitud necesaria para espantar el frío…
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